Psicoterapeuta, Conferencista y Autor

LENIN TORRES

Master en Hipnosis Clínica, Teacher Heal Your Life y Doctor en Medicina Natural Homeopática. Dedico mi vida para enseñarte una vida emocional plena y consciente.

Master en Hipnosis Clínica, Teacher Heal Your Life y Doctor en Medicina Natural Homeopática. Dedico mi vida para enseñarte una vida emocional plena y consciente.

Mi Historia

Nací siendo el tercer hijo del matrimonio de mis padres; para un total de siete hermanos quienes vivíamos en un hogar de escasos, recursos marcado por violencia y abusos de la figura paterna, mi padre; quien se desempeñaba como obrero asalariado, mientras que mi madre dedicaba su tiempo a cuidarnos. Constituíamos una casa más que un hogar, lleno de historias referidas por gritos, castigos y desavenencias producto de nuestras inocentes travesuras y desobediencias, por ese afán incesante de permitir a esos niños internos mostrarse en la más pura esencia, y por aquel nivel de conciencia, conocimiento y entendimiento de un padre que solo tenía carácter fuerte y dominante para conducirnos. Era todo lo que tenía para darnos.

Pues bien, haciendo revisión de la memoria familiar, a la edad de cuatro meses enfermé gravemente, producto de una enfermedad estomacal y para ese momento mis posibilidades de vivir eran escasas, ya que mi estado de salud estaba bastante deteriorado. Sin embargo, mis padres decidieron que el equipo médico me atendiera hasta agotar las instancias. De acuerdo al diagnóstico mi garantía de vida era esperar transcurridas las primeras 72 horas. Creo que mi propósito de vida estaba destinado, y de ello estoy totalmente convencido, pues en solo 24 horas mi recuperación fue exitosa.

Avanzando en mi historia hasta la edad de 3 años, en la etapa del preescolar, iniciaba ese maravilloso proceso de comprender la vida y todo aquello que transcurrí­a alrededor de mí­. Recuerdo con especial cariño a mi abuela quien para esa época me acompañaba cual ángel guardián, brindándome sus cuidados, amor y hasta alcahueterí­as! Porque a esa edad yo aún usaba chupón; y ella amorosamente los escondí­a entre mis pantalones para que mi padre no se diera cuenta, ya que él no estaba de acuerdo, pero lamentablemente cuando los descubrí­a me maltrataba de forma fí­sica, verbal y psicológica.

Esta situación generaba fuertes discusiones entre él y mi abuela pues ella evidentemente mostraba preferencias conmigo más que con el siendo su madre y esto le generaba celos. Estas continuas situaciones sembraron entre él y yo distancia, y por mi parte temor, más que respeto. Esos cortos años de vida me permitieron aprender a ver y discernir las diferencias en la familia, constantes discusiones entre mi abuela, mi madre y mi padre, por esa marcada preferencia de esta amorosa abuela hacia mí­, quien me apoyaba de manera incondicional y ver esas situaciones generaba en mi sentimiento de culpa.

Debo decir que mi memoria relata situaciones que mi entendimiento no podía explicar de manera lógica, pero me permitía darme cuenta como mi padre maltrataba a mi madre fí­sica, y emocionalmente cada ocasión que llegaba alterado producto del alcohol que era su medio de distracción y hasta punto de encuentro familiar. Los motivos: infidelidades continuas que herían las emociones de mi madre y de todos los hijos.

Recuerdo ocasiones que la golpeaba tanto, que ella huía de la casa asustada dejándonos con él y bajo el cuidado de la abuela, pero esta situación lo llenaba de más rabia y para obligar su regreso nos golpeaba como medida de presión. Vivir en un hogar donde reinaban los maltratos y discusiones acaloradas donde no contaba con la protección de padres ocupados en defenderse uno del otro para sobrevivir, me obligaba a refugiarme en brazos de mi abuela con quien temblando y asustado me arrodillaba frente a un altar de santos que mantenía en su habitación y le pedía como ya era costumbre prender una velita a San Marcos de León para aplacar a estos dos seres que me dieron la vida y de quienes temía verlos pelear.

Así­ transcurría parte de mi infancia, emergido en una violencia doméstica de altos niveles. Jugar con amigos era un privilegio que no tenía ocasionalmente, pues no nos permití­an salir al patio a jugar y si lográbamos un golpe de suerte nos asegurábamos que mi papá estuviera muy lejos de regresar o que algún vecino sigiloso no nos descubriera con él. En esos momentos felices mi juego favorito consistía en ser animador o quien dirigí­a el grupo con instrucciones, pero el asma y las afecciones respiratorias que sufría a esa edad pocas veces me lo permitían. Sin embargo y con esfuerzos a esa edad ya mostraba lo que quería ser de grande.

Crecer fue un reto para mí, en un hogar lleno de tantas situaciones familiares donde además le sumaban, las dificultades económicas que reinaban, donde solo se trabajaba para comer y poder vivir. Un hogar de tantos hermanos carentes de espacios, juegos y alegrías, producto del trajinar diario de unos padres que además, se esforzaban por entregar el sustento. Esto generó en mí, un niño aislado y poco comunicativo, solo consigo mismo y excluido.

La época escolar marcó significativamente mi vida como niño, pues ver los compañeros de salón asistir a clases felices con sus uniformes y útiles escolares nuevos y muy en cambio yo iba con solo una camisa y pantalón muy usados; ya que el dinero no alcanzaba para comprar una nueva; me generaba tristeza, rabia, y algunas veces envidia, pues me preguntaba siempre porque ellos si tenían sus cosas y yo no.

A la edad de diez años debía salir a trabajar para ayudar en mi casa, ya que mi abuela debía mudarse por las continuas situaciones con mi padre, quien la maltrataba y la irrespetaba cuando ella intervenía en defensa de mi madre y nosotros. Esa distancia entre mi abuela y yo me dejó triste y desamparado, pues ella fue un gran apoyo para mí cuando la situación económica nos ahogaba, y bien mi madre debía destinarse a aguantar muchas vejaciones en adelante por parte de mi padre ya que éramos muchos hermanos y ella no podía independizarse.

Salir a trabajar en la calle me permitía sustituir mis tristezas por ambientes distintos en medio de la cotidianidad de la gente. Estar fuera era como desconectarme de aquella realidad y ser yo, con mis pensamientos y mis sueños a futuro. Mi primer trabajo fue de empacador en un supermercado muy conocido para ese entonces, y en otras ocasiones me dedicaba a vender flores en la avenida gracias a una señora que me tomó aprecio.

Obtener dinero era la meta para poder ayudar a mis hermanos y a mi familia, así que otras formas complementarias de trabajar cuando empacar no eran rentable, era limpiar patios en las casas de los clientes del supermercado.

Salir a trabajar en la calle para un niño de diez años es estar en medio de la “selva de concreto” como le llamo, pues debí aprender a defenderme en ocasiones y en otras a soportar señalamientos por ejemplo, de compañeros de clases que me juzgaban por ser empacador. Por ello acostumbraba a esconderme en los baños cuando los veía llegar, pues era objeto de burlas y risas. Y no solo los niños fueron jueces, también los adultos; el no cumplir un mandato de un gerente del supermercado hacía que me dejaran sin poder trabajar y por temor a volver a casa sin dinero para que mi padre no me maltratara, hacía que sin dudar me quedara cuidando carros en el estacionamiento del centro comercial en pleno sol.

Era tanta la presión, que debía llevar dinero a mi casa, que en una oportunidad el administrador del centro comercial me llamó la atención, pues no quería que estuviera molestando a los clientes en el estacionamiento, pero era más grande el miedo que tenia de llegar a casa sin dinero; entonces el señor me bajó al sótano y me amarró de pies y manos, amenazando con entregarme a las autoridades como niño de la calle. Afortunadamente no cumplió lo último, pero esta situación dejó tristes huellas en mi vida adolescente.

Todos estos aprendizajes me permitieron darle importancia a los estudios. Escuchar a un padre que repetidas veces te dice que no llegarás lejos, que no sirves, que de sus hijos el más feo era yo; a ese chico que apenas comprendía la vida, sumadas esas continuas descalificaciones y exposiciones delante de otras personas fueron el motivo para demostrarme por segunda vez que había un propósito de vida más allá de respirar y sobrevivir.

Así pues, continuaron transcurriendo los años de mi adolescencia, casi siempre en esas mismas circunstancias, trabajo y estudios. Luego al cumplir quince años, inicié un nuevo empleo en un frigorífico, igualmente empacando, y alternando todos los trabajos que ya venía desempeñando a fin de tener dinero para seguir adelante hasta graduarme de bachiller.

Mis calificaciones me permitieron estudiar medicina en la Universidad del Zulia, en la que además de estudiar en los primeros semestres trabajé de jardinero y mantenimiento. Me levantaba muy temprano, pues mi horario de entrada para trabajar era 4:30 a 5:00 de la mañana para dejar todo limpio y yo poder ir a estudiar. Luego trabajé en una tienda de comida rápida con un horario hasta las 12:00 de la noche de lunes a jueves y los fines de semana hasta la 1:00 de la mañana. Era un horario agotador pero era el modo de poder ayudar a mi familia y seguir estudiando.

Así pasaron los años, y la vida familiar no había cambiado mucho con mi padre quien continuaba con su proceder. Al poco tiempo mi padre enfermó críticamente de diabetes, enfermedad que después de varias cirugías por problemas en la vista lo dejó completamente ciego, diagnostico que empeoró su carácter, y sin embargo eso no fue condicionante para que nosotros permaneciéramos a su lado sin ninguna condición, atendiéndole y supliéndole todas sus necesidades hasta su muerte.

Durante esa etapa recuerdo haber enfrentado fuertes situaciones económicas que nos dejaban sin nada que comer, pues todos los recursos que podíamos obtener se destinaban en medicamentos y tratamientos que mi padre necesitaba, y el sostén de la casa para ese entonces era yo. Hasta que mi madre en ver que solo comíamos una sola vez al día, decidió dejar el hospital en el cual permanecía todo el día cuidando a mi padre ciego, para salir a trabajar y ayudarnos a todos.

Esta situación se prolongó por varios años con mi padre en cama y en continuas crisis de su enfermedad bajo una situación interminable y agotadora, hasta que mi padre falleció. Debo confesar que su muerte fue el final de una larga travesía de un hombre que solo dio lo que la vida le dio, que probablemente con otra conciencia lo hubiese hecho diferente para él y para todos nosotros; pero a pesar de todo lo vivido sentí realmente que esto era un descanso para todos nosotros. Era el momento de dejar a un lado esos amargos recuerdos y permitirnos comenzar de nuevo.

Debíamos continuar, seguía estudiando y apoyando a mi familia para que mis hermanas continuaran avanzando, olvidándome de mí mismo; y era una tarea que más delante debía aprender a esclarecer. Asumir el rol de un padre que no estaba presente, trajo muchas situaciones conflictivas entre mi madre y hermanos. Posterior a la muerte de mi padre, surgió entonces cronicidad de la enfermedad de mi abuela. La muerte de ella fue muy dolorosa, fue como ver caer el mundo encima de mí y de todos los maravillosos momentos compartidos. Fue un ángel en mi vida, con ella aprendí el amor incondicional y todo lo que soy de adulto. De ella recibí las más hermosas palabras de empuje que un ser humano puede escuchar. Todos los días me decía todo lo lejos que podía llegar. ¡A ella le debo tanto amor!

En esos días de la muerte de mi abuela, conocí a la madre de mi primer hijo, mi primera esposa, con quien tuve la bendición y dicha de ser padre. Me dio el privilegio de tener a Ángel David, que lleno mi vida de mucha alegría y amor para ese entonces. No obstante, al poco tiempo de su nacimiento su madre y yo nos separamos cuando solo tenía 6 meses. Esta situación fue un duro golpe pues para ese entonces pensaba que el matrimonio era para toda la vida. Esto me hizo comprender que para toda la vida son sólo los recuerdos.

Después de esa separación, tuve la dicha de experimentar lo que era ser padre soltero, lo que afianzó los lazos entre padre e hijo, y me hizo crecer como hombre; creo firmemente que fue una gran oportunidad de vida que me tocó vivir, este proceso fue un vacío de tristezas, rabias, rencores, iras, y mucha molestia con la vida y conmigo mismo. Mirar alrededor y lograr ver aquella “tarea” de ser quien lleva la carga más pesada entre hermanos, madre, así como de todos a mí alrededor bajo la búsqueda de validación; y a la vez necesitarlos y siempre encontrar una objeción fue muy duro.

Todas estas situaciones me empujaban por peso propio a buscar desencadenar esas ataduras y encontrar esa señal tan buscada desde niño para empezar a hacer todo diferente. Encontrar en medio de la situación alguien especial y humano que cambie tu pensamiento de “creer que se nace estrellado en la vida” a “tienes una estrella en tu interior”, me permitió ver la vida bajo una nueva perspectiva, pues aunque tenía estudios y tenía un hijo me seguía sintiendo solo y abandonado.

Encontrar libros de auto ayuda fue el inicio a una nueva vida, donde esa espesa selva me mostraba todas las oportunidades que para ese entonces no podía ver porque no estaba preparado. Comencé a entender mi proceso, el porqué de las cosas, encontrando esa fuerza interna para seguir explorando en mí mismo, para escuchar, ver mis sueños, que muchas veces se manifestaron pero no creía en ellos, pues estaba muy a flor de piel una niñez y adolescencia marcada, muy herida.

Este camino de encontrarme y escucharme desde mi amor propio, asistir a cursos para trabajar el perdón, abrió mi vida a una transformación inigualable. Pude perdonarme tantas cosas que había permitido que me hicieran. Perdoné a muchos de mis familiares y personas cercanas a mí. Después de ese proceso del perdón, comencé a notar que muchos síntomas físicos desaparecían y no volvían, estaba haciendo un merecido trabajo de sanar de dentro hacia afuera.

Todo ese proceso del perdón, hizo que mi vida tuviera un horizonte marcado por mis sueños y mi intuición. Busqué muchas referencias bibliográficas de auto ayuda y crecimiento personal, hasta el punto que llegué a meterme de lleno en esta maravillosa profesión hasta conocer el trabajo de la maestra Louise L. Hay. Esa información me permitió elegir hacerme responsable de mi vida, comprender el porqué de la actuación de mi padre, liberarme de él, y perdonarlo.

En este proceso de transformación también pude liberarme de muchas enfermedades como la migraña. Comprendí en ese momento que no me correspondían y que era una enfermedad que había sido transferida de mi madre hacia mi persona, al igual que la bursitis, que como enfermedad emocional estuvo relacionada con iras hacia mi padre. Esa enfermedad la trabajé adoptando una actitud más positiva, para ajustar a las nuevas situaciones que se presentaban y con el perdón hacia mí mismo y hacia mi padre.

En esa búsqueda de conocer y escuchar a mi cuerpo, liberé el síndrome del túnel carpiano, dejando de sentirme esclavo de las situaciones que estaba viviendo con mi trabajo. Otras de las enfermedades trabajadas fue la gastritis, relacionada con la irritación e ira que yo tenía con mi padre, un comportamiento indigerible, y para ese entonces las cosas no sucedían como yo quería que sucedieran, eso también contribuyó con mi problema gástrico.

Igualmente, en este proceso de sanación de mi vida me di el permiso de abrir nuevamente las puertas al amor hacia mí mismo, pues para poder cambiar el mundo, todo comienza por uno y termina en uno mismo. En ese proceso de madurez, conocí a mi esposa con quien hoy en día tengo una familia maravillosa, conformada por dos hijos más Naomi Marilissa, y Luciano Emmanuel, los cuales junto a Ángel David, son el pilar fundamental de mi vida.

Hoy en día, me siento bendecido y en gratitud cada vez más, por todos y cada uno de los maestros espirituales y las cosas vividas con ellos, comprendiendo que el trabajo personal es para toda la vida, y desde allá, he podido ver, que soy tan vulnerable como cualquier ser humano que está en su proceso de transformación. Actualmente, en este proceso del despertar de mi conciencia, estoy haciendo lo que me gusta place y satisface. Soy consciente cada vez más de ser lo que yo elija ser, el verdadero pecado en la vida es la falta de amor hacia uno mismo.

Dedico mis experiencias a todo aquel que desee emprender este maravilloso camino espiritual en mis libros “Organizaciones Inteligentes como Desarrollarlas”, “El Despertar de tu Consciencia”, “Saber Vivir” , “Enemigos en una Relación de Pareja” y “Mis Padres y Yo”.

Para la actualidad, me estoy desempeñando como un aprendiz de la vida, tengo una profesión y trabajo que amo y respeto desde mi corazón, y me puedo definir a nivel profesional , como un psicoterapeuta, consultor gerencial y facilitador de conferencias y talleres. Continúo escribiendo y me rodeo además de gente maravillosa, a quien estimo porque son seres especiales llenos de amor. Siento que estoy cumpliendo mi sueño, lo que me hace sentir un ser humano que vive en abundancia y prosperidad, con todas las posibilidades de este universo para mí.